|
| Inicio · El Pueblo · Galería · Foro · El Tiempo · Enlaces · Contacto · Redirecciones de email · Estadísticas | |
|
De San Martino a San Amede
Según nos han contado nuestros antepasados, en este pueblo hubo varias ermitas: la de San Juan, situada en el emplazamiento del actual cementerio; la de San Bartolomé y la de San Mamed o “Sanamede”; e incluso parece ser que también existió un convento de frailes. Dicho convento debió estar emplazado en torno a los parajes conocidos por San Martino y Tierras de Los Frailes. Desconocemos durante cuanto tiempo ni cuantos eran los que habitaron el referido convento pero si se sabe que estos frailes “San Martinos” abandonaron el lugar al ser trasladados al monasterio Cisterciense de San Martín de Castañeda. Estos lugares están situados próximos al pueblo por el lado noreste y a los pies de “El Castrico”, un pequeño alto que corona la zona de El Cumbre y que como su propio nombre indica en este lugar existió un castro, siendo probablemente este lugar el asentamiento de los primeros pobladores de estas tierras. Por esta razón la Asociación Cultural de Mahíde se llama El Castrico. En los alrededores de “Las Tierras de los Frailes”, parece ser que hubo una fundición de hierro, como atestigua la gran cantidad de dicho mineral y escorias o deshechos procedentes de su fundición. La escoria y el mineral de hierro tienen propiedades refractarias acumulando el calor de los rayos del sol, particularidad aprovechada por lagartos y culebras para desperezarse del aletargamiento invernal. Por esta razón es en estas tierras también llamadas “Tierras de las Culebras” donde se ven los primeros reptiles a comienzos de cada primavera. Quizá fueran los romanos los que utilizaran los hornos de fundición ya que es frecuente encontrar trozos de piezas de cerámica en estas tierras de labor cuando con el arado se abren los surcos y que se le atribuyen a ellos, al igual que los restos arqueológicos que allá a comienzos de los años setenta aparecieron al hacer la zanja para entubar el agua que procedente del “Caño” cruzó estos parajes hasta llegar al pueblo. Del “Caño” precisamente, debieron de extraer el mineral. Se trata de una galería excavada en roca y que se adentra en las entrañas de la Sierra de la Culebra. Dista del pueblo unos tres kilómetros y medio y junto a la entrada de dicha galería o mina se encuentran los restos de la Ermita de San Mamed. Dicen que antiguamente se celebraba una romería en este lugar para honrar al santo titular y que debió de ocupar el lugar mas destacado del frontal principal y que aun hoy se puede apreciar en sus paredes. La imagen del santo (al que por aquí llamaban “Sanamede”) se trasladó a la iglesia de Santa Maria Egipciaca, patrona del pueblo, se supone que cuando por deterioro o abandono dejo de ser digno albergue para el santo. Años más tarde, algún mal gestor de los bienes y patrimonio de todos vendió esta y otras imágenes para sufragar reformas y arreglos en la iglesia principal y solo dios sabe a donde habrán ido a parar. Actualmente de la ermita solo quedan las cuatro paredes y en su interior crecen negrillos e incluso un manzano que milagrosamente da abundantes manzanas todos los años resistiendo las fuertes heladas tardías propias de esta zona. Esta ermita, durante varios años hizo las veces de corrala, dando cobijo a un ganado de ovejas que aprovechaba los verdes pastos de estos enclaves. Al abrigo de una de sus paredes se asentó un colmenar tradicional como atestiguan los restos de corchos y las pizarras que les servían de asiento. Innumerables son las historias que nuestros antepasados nos han transmitido referentes a los encantamientos y misterios que en torno a la gruta o galería de “El Caño” y sus alrededores. Se desconoce exactamente cual es la longitud de la misma, pero hay quien asegura que animales que han entrado en ella han aparecido al otro lado de la Sierra, en Boya. Otros dicen que de ella los moros extraían oro y que mas de un tesoro esta escondido en su interior. El ultimo tramo y que comunicaba con el exterior tenía aproximadamente un metro de ancho por dos de altura y el techo tenía forma redondeada. Por suelo, permanentemente corría hacia el exterior un buen regato de agua cristalina. En la salida era frecuente ver a mujeres del pueblo lavando la ropa tanto en invierno como en verano, cuando el agua en el pueblo escaseaba o era de mala calidad por estar retenida. En invierno las que primero llegaban se ponían justo a la salida, pues allí el agua estaba más caliente. Como queda lejos del pueblo, aprovechaban el día entero y hacían allí la comida. En las proximidades existe un prado cercado con pared de piedras, sobre las que tendían la ropa o la ponían al oreo. Hasta hace pocos años y cuando veníamos a segar la hierba de los dos únicos prados que hay en la zona siempre se veían entre cinco y diez víboras en cada unos de ellos. Cerca de aquí existe una fuente conocida por “La Fuente las Víboras” lo que nos da una idea de la abundancia de las mismas en esta zona. Un poco mas abajo de este lugar hay un hermoso y profundo valle llamado “Las Tierras del Cojo”. Está rodeado de espléndidos amayuelos (espinos blancos) que en primavera se visten del blanco de sus flores y a finales de otoño del rojo de sus frutos llamados por aquí amayuelos de pulpa comestible, aunque de sabor insípido. Si continuamos el valle, este gira a la derecha y llegamos al “Retorno”. Aquí, hay una fuente llamada “La Fuente Carlos”. Recibe este nombre porque en esta fuente se mató un cazador al disparársele la escopeta cuando pretendía beber agua de la misma. Leoncio Alonso Peláez & Felipe Alonso Garrido |
El Pueblo · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · · |
| Mahíde de Aliste © 2006-2008 - v1.1 | |